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La Navidad está a la vuelta de la esquina y con ella parece que todos nos llenamos de ilusiones, buenos deseos y nuevos propósitos para el año que comienza así como, otros se dan prisa para zanjar asuntos pendientes antes de despedir el año.

La publicidad, las películas americanas y las series de sobremesa nos inundan de mensajes de maravillosa paz, bondad, amor por/para los demás y felicidad como también, ambientes de grandeza y abundancia en todos los sentidos.

Para los más pequeños la Navidad es una gran fecha. La magia de Papá Noel y los Reyes Magos, los regalos, las calles iluminadas y los días de vacaciones le dan a estas fiestas una puntuación 10. Pero para los que ya no son tan niños ¿Qué hay de cierto?¿Son tan felices y maravillosas como pinta? No es raro escuchar “¡Ya están otra vez aquí las navidades!”.

Para muchos la Navidad es precisamente una época que entristece, unas fechas en las que está demostrado que aumenta la tristeza, la angustia y el desánimo, de hecho uno de los factores que en esto contribuye dicen, es la presencia de un árbol de Navidad. Ante estas afirmaciones muchos os preguntareis ¿Cómo es esto posible en unas fiestas alegres, especialmente familiares, llenas de sorpresas y detalles? ¿Por qué?

A golpe de vista la Navidad pocas veces resulta ser como las películas nos intentan vender: reencuentros con tus seres queridos, ternura, paz, amor, amabilidad, generosidad, dinero, lujosos decorados, abundantes delicatessen en comidas y cenas. Esta idílica estampa no se corresponde con la realidad de muchos hogares hoy en día, los cuales conviven con problemas económicos, laborales, familiares… Aumentando nuestra frustración. La realidad es distintas, pero no por ello significa que sea peor.

La necesidad o casi obligación de hacer regalos originales y elegantes, de acudir a cenas de empresa con jefes y compañeros con los que no hay buenas relaciones o a reuniones familiares con miembros con los que no se mantiene una relación cordial, para pasar una velada agradable con la mejor de las sonrisas, eleva los niveles de ansiedad, malestar y genera sentimientos de impotencia.

Pero a parte de estos factores, que no en todos los casos tienen por qué darse, un factor común que entristece a la mayoría de la población durante estas fechas son los sentimientos de tristeza por alguna pérdida, pena por la lejanía de algún ser querido que no pudo volver a casa por navidad y la nostalgia ante la idea de que algún tiempo pasado fue mejor.

¿Qué podemos hacer para contrarrestar esta tristeza y poder disfrutar de estas fechas?

  • Respecto a los que ya no están, trata de recordar los mejores momentos (alegres, divertidos, positivos) y anécdotas vividas. Haz que los recuerdos sean algo agradable y que termine sacando en ti una sonrisa.
  • Acepta estas fechas tal y como son, rompe esos estereotipos idílicos e innecesarios que solo aumentan tu frustración.
  • Si tienes días libres aprovecha para hacer cosas que un día normal no puedes, dedícate tiempo a ti, a los tuyos y disfrútalo.
  • Si tienes que acudir a alguna reunión que te incomoda pero el compromiso no te permite ausentarte, tómatelo con filosofía. Trata de disfrutar el momento centrando tu atención en aspectos positivos y ajenos al motivo de tu malestar (el resto de asistentes, el menú, el lugar, el brillo de las lentejuelas de algún traje, todo vale).
  • En el caso de los preparativos y regalos, organiza tu agenda para dedicarle un único día en el que realizar todas las compras necesarias. Haz una lista de todo lo que necesites y dónde puedes conseguirlo de manera que tus objetivos queden bien definidos.
  • No dediques mucho tiempo a elegir cuál será la mejor opción. No te compliques, muchas veces en lo sencillo está la clave.

No se trata de unas fechas en las que la grandeza y la abundancia sea el objetivo, dale prioridad a la calidad y no a la cantidad. La Navidad es para disfrutar, para dedicarse a uno mismo y a los que realmente quieres. ¡VIVE Y DISFRUTA TU PROPIAS NAVIDAD!

Fdo.: Cristina Sarabia Pérez.

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